Metonímia en la publicidad

Lo primero que vi al abrir los ojos fue la montaña de Kleenex de mi mesita y la caja vacía de aspirinas. Me levanté y con andar trémulo me dirigí a la cocina. Solo deseaba hacerme un Colacao y un sandwich de Nocilla, pero no tenía pan Bimbo. Me tendría que arreglar con unos Chupa Chups y unas galletas María. Mientras regresaba a la cama para ojear unas noticias en el iPad.

Lo ocurrido en los primeros cinco minutos de una invernal mañana de resfriado ejemplifican el sueño de cualquier marca, la máxima aspiración de la mejor de las campañas publicitarias: conseguir que nos olvidemos y dejemos de usar el nombre genérico y lo cambiemos por el nombre de la marca. Esta metonimia aplicada a los productos de consumo habituales forma parte de la vida cotidiana y como tal sin darnos cuenta empleamos el nombre comercial de una marca para referirnos al tipo de producto, pareciéndonos incluso excesivamente pedante el uso del nombre genérico.

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