Comentario de poemas. Poesía española actual sobre Ulises

El viajero

Ha venido esta noche.
El perro había ladrado por un rato en la sombra,
y luego extrañamente se calló en el silencio.
Pobre y casi desnudo, el
mar había labrado
hondos surcos de tiempo sobre su enjuto rostro
de marino o pastor, quemado por los soles,
y dejado en sus párpados un rojor de salitre.
Nadie le conocía. Quizá estuviera loco.
En su delirio hablaba de sirenas y monstruos
de un solo ojo
enorme, de héroes y de naufragios,
de aventuras horribles en las que él tuvo parte.
Decía que en un tiempo él fue rey de esta isla.
Aquí ni a los más viejos les sonaba su nombre.
Quizá no fuera
nadie:
el viento que del mar sopla en las largas noches.
Se ha vuelto con las sombras

CARLOS CLEMENTSON (Córdoba, 1944)

Este poema no presenta la imágen arquetípica de Odiseo como héroe fuerte, capaz de sobrevivir a todo tipo de infortunios, sino como un pobre anciano, un lunático al que ya nadie recuerda. Ulises regresa a Ítaca, a su antiguo reino. Ulises es viejo y pobre, el viaje y el tiempo se reflejan en su cuerpo. Nadie excepto el perro parece conocerlo. Lo toman por un loco que habla de aventuras y seres mitológicos. Se proclama rey de la isla pero sufre las consecuencias del tiempo y el olvido. Ni siquiera su existencia es constante, se transforma en un rumor, una vieja leyenda que se desvanece.

Odiseo

Escribo.
Anudo palabras para conjurar el olvido.
El mar. El olvido es el mar,
la líquida circunstancia del tiempo,
y la memoria, esa borra de luz que dejan los días,
acaso una isla, Ítaca, por
ejemplo.

Navego a Ítaca.
Atado al mástil atravieso el laberinto
de voces que brillan y mudan de sentido.
Odisea bajo las estrellas.
Extraño del mundo, su grito crece a la deriva:
¿Dónde está Ítaca?
¿Dónde está la tierra que me nombra?
¿Dónde está la palabra que habito?

Escribo.
Con un hilo de voz coso
la trama que me sustenta:
Odiseo enamorado de las sirenas
y, sin embargo, sujeto
al índice al cual se anudan las palabras,
a su nombre, al tiempo,
tejido y destejido a la distancia.
En Ítaca … [escribo]

ANTONIO TELLO (Villa Dolores, Argentina, 1945)

En la primera estrofa vemos dos analogías: el mar y el olvido. La memoria es endeble, representada por Ítaca. La escritura del propio poema es la forma de romper el olvido. El mar representa también la forma de recuperar la memoria, atravesándolo como hacía Ulises en la Odisea.

La segunda y tercera estrofa aluden al viaje a Ítaca. Ulises evita las tentaciones y las falsas impresiones. Inmerso en un medio que le es ajeno, busca su patria, la física, pero también la inmaterial, el recuerdo.

Al igual que Penélope cosía y descosía con un hilo real, Ulises construye a su vez y cose con palabras su historia para vencer al olvido.
A pesar de la tentación que suponen las sirenas, en él arraiga el sentimiento de pertenencia a una mujer y a una patria, con la esperanza de que ambos le aguarden en la distancia. Su existencia está construida en base a la palabra. Si no fuera por ella no existiría.

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